Los colores forman parte imprescindible del mundo de la decoración. La sensibilidad que en las personas se desarrolla a partir de la visualización de un color depende de distintos factores: social, cultural y antropológico. Esto hace que no exista un verdadero código universal de los colores aunque sí que podemos clasificarlos en distintos grupos gracias a las ondas electromagnéticas que emiten y de los significados que reciben en nuestra cultura. Lo que sí es cierto es que los colores pueden lograr que se desencadenen una serie de sensaciones y estados de ánimo.

Gracias a esto, podremos lograr, con una combinación adecuada de colores, crear los ambientes más variados. Una sabia aplicación de los distintos matices cromáticos puede incluso destacar o disimularlas partes u objetos de la casa que deseemos.

En la clasificación de colores de acuerdo con las ondas electromagnéticas emitidas, se dividen en dos grandes grupos: colores cálidos o fríos. A los colores cálidos pertenecen aquellos capaces de estimular, energizar, favorecer la actividad física y mental, y también se les atribuye la capacidad de penetrar más profundamente en los tejidos del cuerpo humano. Sin embargo los fríos son los que el cuerpo absorbe más superficialmente, son relajantes y estimulan el sueño. Deben utilizarse con mucha prudencia debido a la sobreexcitación que puede cuasar. El verde es el color de la naturaleza y tiene una gran virtud: dependiendo de las tonalidades con las que se combine, puede resultar cálido o frío. El blanco es el color de la pureza para nosotros y sin embargo en Japón es el color de luto. Amarillo es sol, luminosidad, vitalidad...todo lo relacionado con la vida. El azul es el color de la paz...